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Permiso para Brillar - Parte I


Permiso para Brillar — Parte 1


¿Desde dónde estás intentando florecer?


Hay una frase que escucho frecuentemente en consulta: quiero que mis ancestros me den permiso para lograr el éxito. También en muchos espacios de desarrollo personal se invita a las personas a "Darse permiso para brillar."

Y cada vez que la escucho, algo en mí quiere detenerse. No porque esté mal la frase, sino porque de manea automática me llega una pregunta:


¿Desde dónde y para qué estás intentando brillar?


Porque el permiso importa, claro que sí. Pero si estás parado o parada en el lugar equivocado — cargando lo que no te corresponde, ocupando el espacio de alguien más, sosteniendo lo que no te corresponde sostener — entonces el problema no es el permiso.

Es el lugar que has estado ocupando.


Lo que el sistema familiar hace sin que lo veamos


Pertenecemos a un sistema familiar. Esta es una realidad que la Terapia Familiar Sistémica y las Constelaciones Familiares hacen visible con una claridad sorprendente.

Todos los sistemas familiares se rigen por tres leyes fundamentales. Una de ellas es esta: cada miembro de la familia necesita ocupar el lugar que le corresponde. Este lugar le toca según su generación, su edad, lo que le toca hacer dentro de la familia, etc. Por ejemplo, los padres tendrían que cuidar y proteger a los hijos hasta que estos se pueden valer por sí mismos.


Cuando lo anterior ocurre, la vida fluye sin obstáculos. Pero cuando no, alguien — muchas veces de manera inconsciente — va a intentar ocupar el lugar que quedó vacío. Va a intentar hacer lo que nadie más está cargando. Y ese alguien, con mucha frecuencia, somos nosotros.


Las formas en que ocupamos el lugar de otro


No siempre es obvio. A veces se parece a esto:


  • Eres quien desde pequeño o pequeña aprendió a leer el estado emocional de uno de tus padres antes de que ellos lo nombraran. Quien ajustaba su propio humor para que el de ellos no se desbordara. Quien aprendió a no necesitar demasiado para no ser una carga.

  • O eres quien en tu familia siempre "tiene todo bajo control." El sostén. Quien resuelve. Quien no puede darse el lujo de soltar porque si tú sueltas, algo se cae.

  • O incluso algo más silencioso todavía: una lealtad invisible con un ancestro que, tal vez, tuvo que renunciar a sus sueños, que perdió algo fundamental, que nunca logró alcanzar lo que deseaba. Y tú, sin saberlo, caminas en su misma línea. No por debilidad., sino porque en el sistema, a veces repetimos como una forma de honrar el dolor de alguien más.


En todos estos casos hay algo en común: tu energía no está disponible para ti, para tus proyectos, para tu propia vida. Está puesta al servicio de alguien más en la familia. Y entonces aparece esa sensación — la de querer avanzar y no poder. La de ver el siguiente paso con claridad y aun así no darlo. La de saber que hay más, pero sentir que algo invisible te detiene justo en el umbral. Ese techo invisible no es tuyo. Es el sistema familiar hablando.


El permiso que nadie te puede dar


Aquí viene lo que más me importa comunicarte hoy:

Nadie más puede darte el permiso para brillar. Ni tus padres, ni tu pareja, ni los ancestros... ni siquiera tu terapeuta (de hecho el terapeuta menos que nadie! jajajaja).


El permiso real no viene de una decisión de la mente. Viene de un movimiento más profundo: el de recuperar tu lugar. El de soltar lo que cargaste con amor pero que no era tuyo. El de dejar que cada quien ocupe el suyo — incluyéndote a ti mismo/a. Desde ahí el brillar no es una meta que se persigue con urgencia o con miedo a no lograrlo. Es lo que ocurre naturalmente cuando estás en tu buen lugar dentro de tu familia.


Un ejercicio de mirada


Antes de cualquier movimiento, necesitamos ver. Esta semana te invito a observar — sin juzgar, solo con curiosidad:


Siéntate en un lugar tranquilo. Cierra los ojos. Respira.

Y hazte estas preguntas, despacio:

¿Hay alguien en mi familia a quien yo esté sosteniendo emocionalmente, y que debería poder sostenerse solo?

¿Siento que yo se más de cómo es la vida y cuáles son las mejores decisiones para vivir que mis propios padres o que mis hermanos mayores?

¿Oculto mis talentos o habilidades para que alguien de mi familia no se enoje o se sienta mal?

¿Hay algún ancestro cuya historia resuena demasiado con la mía? ¿Alguien que tampoco pudo llegar a brillar?


No busques respuestas inmediatas. Solo observa lo que aparece. Lo que el cuerpo siente cuando te haces cada pregunta.

Eso ya es información sistémica.

En la segunda parte de este artículo hablaremos del movimiento: qué significa recuperar tu buen lugar, cómo se siente el yo adulto que florece desde ahí, y un ejercicio más profundo para empezar a recolocarte.


Con cariño,

Tere Gómez

 
 
 

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