Me permito... Florecer
- Teresa Gómez

- hace 4 minutos
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El permiso que nadie te enseñó a darte
Hay una pregunta que pocas veces nos hacemos en voz alta. No porque no se nos ocurra, sino porque nos da miedo la respuesta... ¿me estoy permitiendo vivir la vida que realmente quiero?
No la vida que aprendiste a querer, la que encaja perfectamente con lo que tu familia espera o necesita de ti, la que no incomoda a nadie. La tuya. La propia. La que lleva tu nombre y tu historia particular.
El permiso no solo es tuyo
Durante mucho tiempo creí, como muchos, que darse permiso era una decisión individual. Que bastaba con querer, con repetir afirmaciones... que era una cuestión de valentía personal.
Las constelaciones familiares me esneñaron algo diferente: el permiso sí es algo que nos damos a nosotros mismos, pero al mismo tiempo ocurre dentro de un sistema familiar. Porque cada familia tiene sus reglas no escritas... como un mapa invisible que nos indica a dónde es seguro ir, así como los lugares que son peligrosos. Todo esto no se dice en voz alta, no hay un manual de usuario que nos entreguen cuando nacemos en nuestra familia... pero son instrucciones detalladas que se sienten, se transmiten y se obedecen sin que nadie lo ordene.
"Aquí no se pide demasiado"
"En esta familia somos fuertes, no lloramos"
"El trabajo duro es lo que nos define"
"Los hijos no se van demasiado lejos"
Estas frase, dichas o no dichas, moldean lo que cada miembro del sistema familiar se siente autorizado a ser, tener, recibir o incluso desear. Y a veces, sin saberlo, aprendemos a encajar dentro de estas reglas porque encajar significa pertenecer. Y pertenecer para el ser humano, es una necesidad primaria: garantiza nuestra supervivencia.
La forma que adoptaste para sobrevivir.
No lo hiciste por debilidad, sino por inteligencia. La forma que adoptaste, esa versión de ti que aprendió a achicarse, a no pedir, a no brillar demasiado, a no alejarse, fue una respuesta adaptativa extraordinaria. Fue amor a tu sistema familiar, lealtad a los tuyos.... Pero hay un momento en la vida en que esa forma de "vivir" ya no satisface ni alcanza. Algo dentro de nosotros empieza a moverse, a buscar algo diferente, a pedir, a buscar más espacio y ahí es cuando aparece el conflicto interno, la tensión. Porque florecer, a veces, se siente como alejarse del hogar, como traicionar a los nuestros, como si querer algo diferente significara ser ingratos.
Aquí mucha gente, lo he visto en la consulta individual y en las sesiones grupales, se queda estancada. No por falta de deseo, no por falta de capacidad, sino porque la lealtad invisible pesa más que cualquier decisión y deseo consciente.
¿Qué es una lealtad invisible?
Bert Hellinger, el creador de las constelaciones familiares, hablaba de las lealtades invisibles como vínculos inconscientes que nos unen a nuestra familia, a nuestros ancestros, a los excluidos del sistema, a los que sufrieron y no pudieron ser vistos. Estas lealtades se expresan de formas que, desde fuera, pueden parecer irracionales. Por ejemplo: la persona que siempre sabotea su propio éxito, la que nunca puede recibir amor sin desconfiar, la que llega hasta cierto punto y siempre retrocede, la que carga con un tristeza que no puede explicar. No es debilidad o locura, es una forma de pertenecer al sistema familiar repitiendo una historia que aún no ha logrado resolverse.
Y el primer paso para disolver una lealtad es verla, es nombrarla y honrarla porque se manifestó gracias a un profundo amor inconsciente en quien la vive.
✦ Ejercicio sistémico — Parte I "Las voces del sistema"
Busca un momento de quietud. Siéntate en un lugar cómodo y cierra los ojos.
Respira tres veces profundo. Lleva la atención hacia adentro.
Ahora imagina que delante de ti está tu familia de origen: tu padre, tu madre, tus abuelos, cualquier figura significativa de tu infancia.
Obsérvalos con calma. Sin juicio.
Y hazte esta pregunta en voz baja: ¿Qué no me permití ser o tener para seguir perteneciendo a este sistema?
Deja que lo que surja, surja. Sin censurarlo. Sin analizarlo todavía.
Puede ser una imagen. Una palabra. Una emoción. Un recuerdo.
Escríbelo en un papel cuando abras los ojos.
Eso que apareció es el inicio de tu mapa. La primera pista de lo que tu sistema sostuvo en silencio.
No necesitas resolverlo hoy. Solo necesitas verlo.
En la segunda parte de este artículo vamos a dar el siguiente paso. Tomar consciencia es el comienzo, pero florecer requiere algo más: requiere atreverte a ser tú, dentro de un sistema que quizás no te lo enseñó.





















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